La habitación es una preciosidad, tonos claros, materiales narurales, minimalista y práctico, con vistas al campanario a lo lejos, las casitas solariegas y la piscina preciosa del hotel. Personal de 10. El pario de luces nada mas enrrar al hotel es una pasada con plantitas sanotas, lo que mas nos ha hustado ha sido lo acogedor y lo historico del lugar y, sobretodo, la piscina de la cueva una hora cada dia que la tuvimos para nosotros previa reserva con un té que te puedes preparar. Ademas contraté adicionalmente un masaje relajante que me encantó. Una primera escapada (somos de Madrid) con nuestro hijo de 6 semanas que no olvidaremos.Además nos ha encantado que sea dogfriendy. Ya tengo ganas de repetir.